Cultura de la violación, y luego

No he caminado tranquila desde que tengo uso de razón. Por la calle, me refiero. Nací con la suerte de ser mujer, pero con la desgracia de hacerlo en un mundo sumamente patriarcal. El paternalismo me hizo creer que la sociedad me protegía y que, por tanto, no debía salir hasta muy tarde ya a temprana edad. Con quince años debía recogerme pronto, pero también con dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve… Acompañada o con alguien dispuesto a recogerme, en su defecto un taxi.

Nunca lo entendía, por qué yo tenía que volver siempre con guardaespaldas a casa, sintiéndome insegura, acosada, perseguida, frágil en todas sus acepciones y violada. Violada sin tan siquiera nadie tocarme. Pero comprendí, cuando choqué de bruces con Feminismo, que no era únicamente yo la que estaba sobreprotegida, sino ella, y ella, y aquella, y esta, y ella también, y aquella, y ella, y aquella otra… y que no era una protección legítima, ni mucho menos sana. Me protegían de una sociedad que me consideraba carne de presa por el mero hecho de ser mujer, me protegían de unos hombres que, tal como me hicieron creer, vagaban por la calle en busca de producto fresco para poder alimentarse. Pero, ¿de qué?

De su hambre patriarcal. Les habían educado desde la base en la que las mujeres figuramos como no más que eso: manada débil a la que podían atacar, porque nunca nadie nos iba a enseñar a defendernos de ellos. Todas somos frágiles, yo lo era hasta que conocí a Feminismo. Feminismo no es un hombre ni es una mujer, no tiene sexo aunque sí que lidera una lucha de mujeres, a la que acompañan hombres, pero muy pocos, pues piensan que Feminismo les hará lo que ellos hacen con las mujeres. Esto es un error. Feminismo sólo busca salvarnos, Feminismo nos salva, aunque nos haga conscientes de que aún, hoy por hoy, no podemos atravesar callejones oscuros caminando solas porque aún se nace en la cultura de la violación; Feminismo quiere lo mejor para nosotras, y para ellos. Y yo, que confío en el ser humano, espero que todos esos hombres que “no vagan por las calles” pero que sí que violan físicamente, en derechos, estima, personalidad, mente (y más) diariamente a la mujer, consigan hablar con Feminismo y quemar la venda que les cierra los ojos.

Entonces, caminaré(mos) tranquila(s).

Por la calle,

y por el mundo.

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