Ya no es su presa

Encerrada en su jaula de acero, para ella, su hogar.

Sumida en un profundo sueño, viviendo una realidad distinta a la que le pertenecía. 

Perdida entre arbustos de rosas. 

Días que pasaron a ser semanas, semanas que pasaron a ser meses y meses que pasaron a ser años. Años que pasaron a ser una eternidad.

Observada, perseguida, controlada cada vez que el águila la dejaba libre.

Un día, le arrancó una pluma.

Encerrada en su jaula de cristal, para ella, su hogar.

Adormilada. 

Olvidada por todos, temida por nadie.

Hundida en sí misma, encogida en su pequeño cuerpo.

El águila le daba amor, amor oscuro, amor sin amor.

Un día, le quitó una pata.

Encerrada en su jaula de plástico, para ella, su hogar.

Despierta pero perdida. Consumida por el cansancio.

Abatida por el dolor, por el sufrimiento que el águila le causaba.

Un día, le arrancó un ala.

Encerrada en su jaula de papel, para ella, su hogar.

Un día, le arrancó la otra ala.

Un día, rompió la jaula.

Desorientada y avergonzada por a libertad y la felicidad que sentía.

Entonces sí, entonces ya era libre.

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