Yo, pero primero nosotras

Yo sólo tengo tres opresiones: ser mujer, ser de letras, ser estudiante. No son equiparables, porque además soy blanca y vivo en una sociedad capitalista europeizada. Todo esto último no es una opresión, es un privilegio. Y entiendo, después de años, que por mucho que yo luche por salvar a las demás mujeres de sus diferentes opresiones, nunca, nunca, jamás, podré entenderles. Yo, como mujer blanca no podré entender a la mujer negra que se siente oprimida por la ablación, por ejemplo, porque jamás la he sufrido. Puedo leer, puedo saber, pero nunca podré (o no debería) hablar sobre ella como si yo fuese ella. No sé si me voy explicando.

La clave está en la lista de opresiones que acumulas. Hay mujeres pisadas por todos los aspectos que atañen a una persona. Por ejemplo, siendo hetero o medianamente bisexual, jamás podré entender la opresión de ser transexual o transfeminista. Porque soy cis y porque por mucho que lea, hable, escuche, atienda y entienda jamás podré hablar como si fuese ellxs. No sé si me entendéis.

Esto debería ser un debate que se lleve a la calle, debería ser un debate que todes deberíamos tener en nuestras mentes, en nuestras casas, en nuestras aulas de estudio.

Pero, por el contrario, los medios de comunicación se empeñan en enseñar una rama del feminismo. Única rama del feminismo. Como si el feminismo radical fuese tóxico, como si fuésemos enfermas mentales que buscan un ‘hembrismo’ (aviso: este término no existe).

Cuando la mujer feminista radical lo que busca es salvar a todas, dependiendo de los vectores de opresión que recaigan sobre ellxs. Y bueno, me siento impotente cuando veo que los medios no retratan la realidad, pero claro, ¿cuando lo han hecho?

No conviene una sociedad donde la mujer se muestre concienciada, en sororidad, en piña. Porque al fin y al cabo, somos la moneda que entra en el banco, somos la remuneración de los anuncios, somos la carne que da dinero a todo el capitalismo. Con nuestra competencia entre iguales, con nuestra envidia infundada, con nuestra rabia y ganas de pisar a nuestras compañeras estamos incrementando el sueldo de muchas figuras de poder, todas hombres. Todas, patriarcado.

Nos hemos acostumbrado a vivir en un yo, después yo, yo otra vez, y después ellas. Pues bien, el feminismo somos todas, o ninguna. Somos yo, por supuesto, pero primero nosotras. Porque sin ellas, y aquellas, y estas, y aquellas otras, no seríamos ni un grano de arena en esta lucha. Y nos necesitamos, igual que el capitalismo nos necesita enfrentadas, nosotras nos necesitamos unidas, en compañía, en alianza.

Porque creo, desde todas las experiencias que me están sucediendo de compañeras feministas enfrentadas, que no existe mejor mediador que el feminismo. No existimos mejor unión que toda mujer feminista dispuesta a coexistir con todas las demás, independientemente de su forma de vida, de ser.

Pensemoslo por un momento,

sólo eso.

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